Traducido automáticamente del alemán. Ver original
¡Puedo rimar mi visión! 🤩
Otro mundo comienza entre nosotros
Sueño con otro tiempo,
con personas dispuestas a convivir.
Donde ya no cuente lo que uno posee,
ni en qué rango o lugar se siente.
Donde no se pregunte: «¿Y tú qué crees?»
Y el ser diferente no robe la paz.
Donde cada cual pueda seguir su camino
y tratemos de comprendernos.
Porque no tenemos que pensar lo mismo
para brindarnos confianza.
No tenemos que recorrer los mismos caminos
para mirar juntos hacia adelante.
Sueño con una comunidad nueva,
no impuesta, no uniforme.
Con personas que se sostienen mutuamente,
que buscan y preguntan juntas.
Donde el conocimiento fluya de mano en mano,
donde las habilidades creen un nuevo lazo
entre las personas,
en lugar de medirlo todo solo en dinero.
Donde la libertad y la responsabilidad
permanezcan unidas: jóvenes y mayores.
Donde no siempre gane el más fuerte,
sino que seamos humanos los unos para los otros.
Donde la tecnología vuelva a ser una herramienta,
que ayude y sirva, en lugar de guiarnos.
Donde el progreso no solo se mida
por lo que es posible, rápido y más grande,
sino que también pregunte: ¿Qué sirve a la vida?
¿Qué podemos darnos los unos a los otros?
¿Qué ayuda al ser humano a ser libre
y se integra en el todo?
Sueño con un mundo que comprenda:
que nadie está por encima de la Tierra.
No somos dueños de la vida,
la Tierra solo se nos ha confiado.
Su agua fluye también por nuestra sangre,
su suelo nos nutre, nos da valor.
Su aliento es también nuestro ser:
no estamos separados, somos parte de ella.
Sueño con pequeñas comunidades
que creen juntas cosas nuevas.
Donde las personas se conozcan por su nombre
y no se despidan como extraños.
Y cada uno de estos pequeños mundos
no tiene por qué existir en soledad.
De lugar en lugar surge un lazo,
de persona a persona, de tierra en tierra.
No es la uniformidad lo que nos une.
No es que cada cual opine lo mismo.
Diversidad en conexión
sea nuestro camino hacia un nuevo tiempo.
Porque cada persona puede dar algo.
Y cada cual también puede recibir ayuda.
Nadie posee el todo por sí solo,
pero todos podemos ser parte de él.
Quizá llamemos a lo que nos une
amor, que se encuentra en el otro.
Quizá conciencia, creación, fuente,
una luz interior, una suave ola.
Quizá ni siquiera haga falta un nombre.
Quizá baste con lo que tenemos en común:
El anhelo de vivir de forma más humana
y de darnos de nuevo más los unos a los otros.
Porque lo que realmente nos une
quizá no sea lo que nuestro pensamiento inventa.
No qué verdad ve cada cual,
sino lo que sucede entre nosotros.
Por eso no quiero esperar más
a que otros inicien un nuevo mundo para nosotros.
Comienza en una mirada abierta,
en una mano que se tiende de vuelta.
En una conversación que comprende de verdad.
En una persona que camina junto a otra.
En compartir conocimiento, tiempo y pan.
En estar los unos para los otros, incluso en la necesidad.
No contra el mundo que existe hoy.
No contra la persona que sigue otros caminos.
No es mediante la lucha como debe surgir lo nuevo:
queremos empezar a vivirlo con el ejemplo.
Quizá al principio crezca en silencio y pequeño,
un pensamiento, una persona, un estar juntos.
Pero a partir de muchas pequeñas luces, en algún momento,
quizá amanezca un nuevo día.
Por eso el Nuevo Tiempo comienza
no mañana ni en un futuro lejano.
Comienza en mí.
Comienza en ti.
Y cuando del Yo y el Tú surge un Nosotros,
cuando un ser humano vuelve a estar al lado de otro ser humano,
cuando no preguntamos qué nos separa,
sino que buscamos lo que nos une y nos reconoce,
entonces la esperanza se convierte en realidad,
un pensamiento en comunidad.
Y quizá en algún momento reconozcamos:
El nuevo mundo nunca empezó en ninguna parte.
Comenzó muy en silencio:
en nosotros.
Y se hizo visible
entre nosotros.